Atascos: carreteras y otras soluciones
Cada día se incrementa el parque de automóviles. Cada vez hay más vehículos en nuestras carreteras. La competencia entre marcas e incorporación de nuevos mercados hacen que sea más asequible para nuestros bolsillos disfrutar de un vehículo propio. Quién más o quién menos, puede ya disponer de su propio coche. Es más, el panorama está cambiando y ya es frecuente encontrar familias con varios vehículos.
El impacto que esto tiene en nuestras carreteras es evidente. Todos los que vivimos en las grandes ciudades lo notamos cada día: más atascos, más contaminación, más ruidos, más humos, mal humor, prácticas de conducción agresivas, etc.

Los políticos se esfuerzan en intentar dar soluciones y así es frecuente invertir importantes cantidades de dinero en numerosas obras para adaptar las carreteras, los accesos y las ciudades al nuevo perfil del tráfico. Durante los numerosos meses que duran dichas obras, más aún cuando llueve o nieva, se convierte en una tarea dantesca el circular por nuestras carreteras.
Esto no es más que una espiral ya que al finalizar dichas obras (después de años de trabajo) probablemente el perfil del tráfico haya variado y no se haya podido resolver del todo el problema.
Otra alternativa es el transporte público (el cual merece un artículo aparte). Sin embargo, es evidente que esta opción no es tan seguida como todos desearíamos (tendrá su por qué).
Ahora bien, yo me planteo: ¿por qué se llenan todas las mañanas de coches nuestras carreteras? Evidentemente si alguien coge su vehículo, será para trasladarse. En algunos casos, esos trayectos son esporádicos, por ejemplo, para resolver una gestión particular, para acudir a alguna cita médica, etc. Sin contar con estos casos de particularidades, en un inmenso porcentaje, esos desplazamientos no tienen el carácter de esporádicos sino de frecuentes o periódicos. Dejando al margen a los trabajadores que desarrollan su actividad laboral en las carreteras, día tras día, el caso es que utilizan el vehículo privado un número elevado de personas para acudir a su trabajo, escuela o centro de estudios. Si esto es así, tal vez el problema de fondo sea otro: muchas personas nos desplazamos porque no es posible vivir cerca de los centros de trabajo.
Hay muchas razones por las que se dá esta problemática, por ejemplo:
- el elevadísimo precio de las viviendas, que obliga a las personas a buscar su oportunidad de residencia en la periferia.
- la concentración de empresas en áreas concretas (probablemente promovido por intereses inmobiliarios de nuestros alcaldes y concejales). Por tanto, se masifican los desplazamientos hacia los mismos puntos de destino.
Quizás se podría paliar un poco los efectos del tráfico si se aportaran otro tipo de soluciones al margen de las de invertir en infraestructuras (que bien está, por supuesto, pero no es suficiente). Por ejemplo, qué tal si se pensara en:
- Potenciar el uso de la tecnología para evitar algunos desplazamientos para hacer determinadas gestiones
- Trabajar en la distribución geográfica de las oportunidades de empleo (desconcentración). Puesto que doy por perdida la batalla de la vivienda, y es inevitable que la población se desplace cada vez más a la periferia, tal vez llevando trabajo a esas zonas se evitarían desplazamientos
- Mejorar el servicio de transporte público, para que sea una opción “real” de uso
- Potenciar la creación de centros remotos de trabajo, como prolongación de las sedes centrales de las grandes empresas. Se podría contar con centros multiuso (igual que las bibliotecas), donde convivieran trabajadores incluso de distintas empresas, aportando dichos centros remotos los recursos necesarios para la realización del trabajo
- Apoyar más decididamente otras opciones de trabajo: teletrabajo y acceso remoto
Con imaginación encontraremos fácilmente muchas otras alternativas…
